Little Monsters se estrena el 31 de julio

Crítica por Rafa Catalán

en Cine

En el año 2013, al ver la película Gravity, una cosa me quedó clara: se seguirán haciendo films de ciencia ficción, pero ya no serán lo mismo, un poco siguiendo la idea que ya surgió con aquella 2001, Una odisea en el espacio de 1968 y que así fue ocurriendo en cada década con una obra representativa, marcando así la evolución del género, en este caso el de la ciencia ficción (véase el Blade Runner de 1982 o el Matrix de 1999). Del mismo modo veo que el único problema de esta Little Monsters de 2019 es el ser posterior a Zombieland (2009): esta última fue un hito, una auténtica renovación del género zombi, mientras que Little Monsters, uniendo de igual modo ese subgénero del terror con el humor, y teniendo una factura correcta, parece anterior a la citada locura hilarante de Ruben Fleischer.

De inicio, la historia es más divertida contada: el joven inmaduro Dave, que acaba de salir de una relación sentimental, acompaña a su sobrino y sus compañeros de escuela a una excursión. Allí, junto a la profesora Miss Caroline (Lupita Nyong’o), formarán el grupo base que deberá lidiar con un piélago de zombis que acaban de escaparse de una central nuclear que resulta estar a cien metros del parque. A partir de aquí, todo vale porque, de hecho, todo está dado ya: lo que uno pueda prever, lo adivinará. Y lo que no, lo pudo llegar a intuir. En definitiva, es la plantilla que parte de aquel Rio Bravo de Howard Hawks que George A. Romero renovó en 1968, con su mítica La noche de los muertos vivientes y más adelante John Carpenter con su Asalto a la comisaría 13 de 1973, pero esta vez con un grupo de niños y unos pocos adultos, algunos de ellos bastante desubicados en pro de la comedia. Con todo, tiene sus puntos que la hacen destacable de un cierto estilo, especialmente en el de las situaciones alocadas (a veces, demasiado). Es de las que los zombis van lentos, no corren, del estilo agónico y pesadillesco de Romero, no del brutal y colérico Danny Boyle, lo cual da un toque de grand guignol bastante simpático. Y, lo mejor, es su falta de complejos a la hora de que Lupita armonice toda la acción con un ukelele, poniéndolo todo al borde de un loco musical. Pero en general, hay que admitir que cuando uno ha entrado en el ritmo de su propuesta de zombie walk, la película queda simpática.

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