‘Mamá María’ – BCN Film Fest

Crítica por Rafa Catalán

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Siguiendo en la Sección Oficial del BCN Film Fest, nos llega Mamá María, de Jean-Paul Salomé e interpretada por Isabelle Huppert. Basada en la novela de Hannelore Cayre, con La Daronne (título original que en jerga significa “mamá”), realizador y actriz nos ofrecen una comedia trepidante donde tratan el cine de género en clave de comedia riéndose de los clásicos, tanto de cine como de series. La agente policial y traductora Patience Portefeux (repito: “Patience”, empezamos bien), tras volver a ver una imagen de ella misma en su mejor momento de pureza, aquél de cuando era una joven y ayudaba a sus padres a mover dinero en Suiza, decide ―como en una epifanía― embarcarse ya no en aquella barca de la foto sino en el mismo París y de lleno en el mundo del narcotráfico. Esto lo logra ver con el oportuno arresto de un allegado,  pudiendo mover así una tonelada de marihuana, y creando de la noche a la mañana a Mamá María. Este alter-ego tendrá su disfraz, su nueva imagen como lo tuvo el Walter White en su Heisenberg, será, como en la comedia hawksiana, una bola de nieve que empieza a rodar y no puede parar.

Como el calvo citado que se pasa al lado oscuro, ella sabe quién es en todo momento, sabe, conoce y le excita; le divierte ese juego a doble banda, esa trampa de ser la única que tiene las cartas marcadas. Pero, a diferencia de otros que catan o entran en el lado oscuro, ella disfruta porque ve que puede jugar de nuevo. Y sobre todo lo disfruta porque nuestra Patience no es otra que Isabelle Huppert, y es pelirroja, y le ha encontrado el punto a todo porque en general la historia es guapa. Y es que la historia es guapa porque ella vuelve a estar guapa metida en el Mal, y el resto de tiparracos a los que estafa son unos matones lerdos con nombres de galleta. La única que tampoco es lerda, como ella, y le pilla el punto es otra posible Mamá/Daronne: una vecina china que no sabemos si quiere divertirse igual pero que es lista como ella. La complicidad que se va creando entre ambas, manteniendo el respeto como harían los mejores gánsters de la comedia, es extraordinaria. Con todo esto, hay momentos no hilarantes pero cercanos a gestos de Lubistch, Wilder o Bogdanovich, algo a tener en cuenta con la cantidad de series que se nos recomienda a diario adulándolas como grandes comedias, ya que lo mejor sería dejarse llevar frente a piezas refrescantes como esta Mamá Huppert, ¡digo María!

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