Gas! Gas! Gas! Crónica del concierto de Goran Bregovic en el Palau de la Música – 21 Festival Mil·lenni – por Sara Martínez

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Pasan los años, pasan y Goran Bregovic sigue acudiendo a una de sus imperdonables citas; Barcelona. Nuestra ciudad se ha convertido para el músico, prácticamente, en parada obligatoria. Tanto es así que, a pesar de no presentar material nuevo desde enero de hace dos años, el pasado jueves 27 de febrero,de la mano de la vigésimo primera edición del Festival Mil·leni, acudimos al Palau de la Música a disfrutar de un recorrido por la carrera de Goran.  y por su música. Los acompañantes no podrían haber sido mejor escogidos; su Wedding and Funeral Orchestra.

Las hermanas Radkova abrieron el espectáculo cantando Vino Tinto, originalmente interpretada por Bebe. El resto de los músicos las acompañaron para seguir con himnos como Presidente, haciendo gala de un sonido apabullante y fanfarriero. Como nos habían advertido, ibamos a caminar pasito a pasito por la senda de Goran. Meláncolico, anunció el inicio de Ausencia, y junto a Muharem Redzeti hizo que, a pesar de extrañar a Cesárea Evora, no extrañáramos su voz. La tristeza dió paso al jolgorio y parte del público no podía estarse quieta en las sillas del Palau coreando Balkaneros, Made in Bosnia y Gas Gas. No olvidemos que Goran, entre los años 80 y 90 fue una estrella del rock yugoslavo con la banda Bjelo Dugme, hecho que le ha permitido explorar diversos estilos en su carrera en solitario, además de poder componer para artistas como Iggy Pop. Pues con uno de los temas compuestos para este ícono del rock, In the death car, los músicos se fueron despidiendo uno a uno para dejar al frontman solo en el escenario del Palau. De forma tímida, el público empezó a preguntar por alguno de los temas más emblemáticos del artista; querían escuchar himnos partisanos como Bella Ciao o Yeremia, sobre todo los compatriotas de Goran, quienes acudieron a la imperdonable cita para rememorar sus raíces y celebrar la paz, pero también la lucha. Bregovic no defraudó y volvió a sentarse y reunir a su séquito para finalizar con la fiesta balkanera, esta vez de forma colaborativa con el público. Para este momento, ya no valían ni sillas ni butacas, Goran pidió locura, advirtiéndonos; if you don’t go crazy, you are not normal. A los gritos de artiljerija, colaboramos en la interpretación de Yeremia, mientras el serbio iba dando tragos a su copa, puesto que como había anunciado, es un tema para cantar mientras se bebe. Estremecidos escuchamos las primeras notas de Bella Ciao, himno partisano por excelencia y con el que Goran tiene una gran conexión fruto de su historia familiar. El último brindis, como era de esperar, movió el suelo del Palau y sí, complaciendo a todo aquél que se encontraba en el recinto, Kalashnikov fue la canción elegida para la despedida del conjunto.

Es necesario remarcar que, en la situación en la que nos encontramos, donde es más importante el individuo que el colectivo y la exclusión que la inclusión, pasar una noche con Goran Bregovic y su Wedding and Funeral Orchestra hace que pensemos en la diversidad, en el mestizaje y en la multiculturalidad y que ello, en vez de ser algo que nos separa, tiene que funcionar como un pegamento en nuestra sociedad. No podemos vivir excluyendo al otro, no podemos vivir negando y vetando al desconocido. Gracias Goran por defender todo esto, por eliminar las fronteras en el arte y en la cultura y por compartirlo con nosotros y por tu insistencia en llevar el mensaje a las mentes más reticentes. Gracias por compartir tu historia y la de todo aquél con el que te encuentras. Gracias por habernos invitado a pasar una noche contigo y con los tuyos en el Palau, por hacernos brindar sin copa alguna y por ser real. ¡Živjeli!

Sara Martínez

 

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